Monasterio de Benedictinas de León

 

 

Oración por la paz
05/02/2011
Todos los jueves a las 16 horas, ante el Señor Sacramentado, tiempo de adoración, uniéndonos a tantos hermanos y hermanas que oran por la paz y el orden a todos los niveles de nuestro mundo.
Invitamos a los peregrinos "Camino de Santiago" a participar en la liturgia, oración que conecta con las situaciones reales y más profundas de la persona. Supone un encuentro consigo mismo y un salto para el encuentro con Dios.
"Jesúe es el camino, la verdad y la vida" Justo lo que necesitamos. Peregrino, no busques nada más. Jesús te ofrece lo que necesitas para ser feliz y hace felices a cuantos se relacionan contigo
Rezo a diario con la comunidad
 
LA VOCACIÓN
13/03/2010
La vocación es una llamada, una palabra que nos viene al encuentro, pidiéndonos una adhesión.

Comunicándose, la vocación nos atrae y nos invita a constituirnos en nuestra identidad. En la respuesta al sentido que nos interpela, nos constituimos en nuestro propio sentido.

Es encontrar un sentido que no hemos producido, estar ante una palabra que nos es dirigida. La vocación es la manifestación de lo incondicional.

El fenómeno más preocupante de nuestros días es la dificultad para leer en las cosas y en nuestra vida una palabra sobre nosotros, una llamada.

La vida es vista cada vez más como elecciones y no como realidad que contiene una propuesta de sentido importante para nuestra humanidad, una belleza que nos atrae y nos apasiona.

En la misma naturaleza nuestra de personas humanas cuesta encontrar una lectura sobre cómo debemos ser, la indicación de un camino a recorrer.

La vocación cuesta porque no es una “palabra que pronunciamos nosotros”, sino una “palabra pronunciada sobre nosotros”. Por tanto, una palabra dada.



 
Una de nuestras ilustres antepasadas
07/03/2010





DOÑA LUISA DE LOS RÍOS Y ZÚÑIGA MORENO

El 28 de agosto de 1661fue elegida abadesa del monasterio de Santa María de Carbajal. La Comunidad estaba formada por treinta y ocho monjas capitulares. Presidió la elección el Ilustrísimo Señor D. Juan Bravo de la Serna, Obispo de León y su secretario D. Nicolás de Escalada. El acto se desarrolló así: El Sr. Obispo las exhortó a que “pusiesen los ojos en la persona más benemérita para el servicio de Dios y bien de la comunidad”. A continuación procedieron las monjas a votar “por sus antigüedades, como se acostumbra”. Acabada la votación el Obispo leyó las cédulas en presencia de cuatro ancianas. Todos los votos, excepto dos, fueron para Dª Luisa de Zúñiga. Así, pues, “viendo la conformidad de todas” el obispo “les dio las gracias”. Como doña Luisa no quería aceptar el oficio de abadesa, el obispo tuvo que obligarla “so pena de obediencia”. “Y mandó luego, en lugar de confirmación, traer el báculo y que lo tomase y se sentasse en la silla de la abadessa, y, habiéndole hecho el obispo una exhortación que se animasse, que Dios la ayudaría, se entonó el Te Deum.”.
En el Libro Acuerdos, 1, fol. 16 se le hace este elogio: “Fue abadesa de este monasterio y religiosa de gran virtud y caridad”.
En su mandato se comenzó el Libro de Acuerdos, 1, en cuya primera página se hace relación nominal de las monjas que formaban la Comunidad en 1661 .
Doña Luisa de Zúñiga en 1663, a instancias de las monjas, solicitó al regidor de la ciudad que “el agua de los caños que siempre se avía repartido a los pilones de esta casa, se le diese ahora por ser ocasión de que se traya al pilón del Mercado”. El regimiento de la ciudad accedió a la solicitud de la abadesa, Existía una cañería, pero en malas condiciones. Por eso se contrató a “Leonardo, el ingeniero y latonero” que la mejoró. Desde entonces tuvieron agua en la cocina y pilón del patio.
Comenzó su abadiato con una economía deficitaria. Las malas cosechas, la creciente miseria general dificultaban el cobro de cantidades importantes. Así en 1658-1661 las rentas en maravedises no cobradas ascendieron a 2.576 reales.
En el trienio 1661-1664 hubo en la casa sólo dos sirvientas, porque las hermanas eran mayores, estaban enfermas y la economía no daba para más.
El 11 de diciembre de 1663 recibió, junto con el convento, a tres monjas agustinas, procedentes de la Encarnación de Valladolid, fundadoras de una casa de orden en León. Eran: Mariana de San Clemente, priora; Jerónima de la Santísima Trinidad, subpriora y Teresa de Jesús. “Entraron por la puerta del coro y la comunidad las recivió tocando la música del convento”. Aceptada oficialmente la fundación de su convento el 12 de diciembre, el 13, fiesta de Santa Lucía, “se pasaron a su convento, del cual sólo hallaron el nombre; pues en la realidad no avía cosa ejecutada para este efecto, sino puerta y torno”.
En Carbajal dejaron por un tiempo depositado el cuerpo de doña María Páez, esposa del fundador. Por este depósito transitorio recibieron mil reales de vellón.

De tres actuaciones capitulares de las que queda constancia se desprende el empeño que puso en su abadiato de mantener la observancia. Igualmente revela delicadeza, sentido de humildad, sencillez y rectitud.
“Después de Prima (…) hizo mi Señora el capítulo de culpas, como se acostumbra a hacer, reprendiendo algunas faltas que había en algunas ceremonias contra la religión y costumbre de esta real casa”. (Ac. 1, 213).
A primeros de Adviento hizo una plática exhortando a la comunidad al cumplimiento de sus obligaciones en todo tiempo. Pero que en éste de adviento debían cumplir con más cuidado sus obligaciones y esperar la venida del Hijo de Dios al mundo”. (Ac, 1 f. 213 v.)
El día 4 de marzo de mil seiscientos sesenta y tres, reunida la Comunidad “les dijo que como bien sabían hoy era lunes primero de Cuaresma, día que esta religión de N. P. San Benito tiene dedicado para hacerles uno de los mayores beneficios como es absolverlas de todas las culpas y faltas como hubieren cometido, como son faltas de ceremonias de la religión, descuidos de rezos, no estar tan atentas como se requiere a tan gran ministerio, culpas cometidas contra los votos esenciales que se han hecho, concediéndoles el beneficio de la absolución con muchas indulgencias concedidas por muchos Sumos Pontífices en este día; las suplicaba entrasen en esta ceremonia con mucha sumisión y arrepentimiento y que no pareciese era ceremonia aparente, sino que salía muy de corazón, pidiendo la absolución con mucha humildad y rendimiento. Ya habiéndoles dicho la obligación que tenían en este santo tiempo de Cuaresma de vivir con más recato y cuidado de cumplir sus obligaciones, pidiendo a todas se animasen en esta cuaresma todo lo que diere lugar la salud a guardar ayuno […], excusándose de comer carne en este santo tiempo . Y, dicho esto, avisó a dos religiosos monjes de la Orden de San Benito que estaban esperando, que entrasen, y puesto el padre Prior de San Claudio cerca de la reja del coro, comenzó a comunicar a todas estas señoras la absolución y concedió las indulgencias que en semejantes días se acostumbra en toda la religión de nuestro padre san Benito, concedidas por nuestros padres sumos pontífices. Y, acabado esto, llegó mi señora la abadesa y demás señoras por sus antigüedades adonde el padre prior estaba, y con una varica las iba tocando. Y con esto acabó este acto”. (Acuerdos, 1, f. 214)

El cinco de agosto, después de la Hora de Tercia, reunida la Comunidad, “propuso mi Señora y dijo que sus mercedes sabían la honra que le había hecho esta Comunidad de nombrarla por Abadesa y Prelada de este Real convento el 28 de agosto de mil seiscientos sesenta y uno; se cumple su trienio que para los libros de los oficiales y para que la señora abadesa prelada que saliere pueda valerse de los frutos y cobrarlos y ser el tiempo ahora que vienen a pagar y que no hubiese con eso rastras ni embarazo en las cuentas [… Y ahora las suplicaba a todas juntas y en particular la perdonasen las faltas que hubiere tenido en su oficio y el mal ejemplo que les había dado; que sólo las aseguraba que no había obrado nada con malas intenciones, ni odio, ni rencor, si no es aquello que le dictaba su conciencia, deseando siempre lo mejor y más útil para que fuese en aumento la religión y lo que tenían granjeado las demás preladas, sus antecesoras no se perdiese por ella ni descayese la religión, pero que, al fin, como mujer podría haber errado en el dictamen, pero no de mala voluntad y que por esto les pedía por segunda vez y otras muchas la perdonasen si había cedido en el cumplimiento de sus obligaciones. Y, pues, ahora había tanta ocasión de enmendarlo nombrando sucesora que enmiende lo que ella hubiere errado y había tantas y tan merecedoras de mayores puestos, sus mercedes con su cordura y virtud eligieran lo mejor”. A continuación dio cuenta del estado en que quedaba la casa, la hacienda, aumentos que ha tenido, censos que se quitaron y de muchas cantidades de dotes que quedan en el depósito. Le dieron las gracias.

Dª Luisa de Zúñiga tuvo una hermana monja en esta Comunidad, Dª Ángela de los Ríos. Fueron religiosas ejemplares. Fallecieron con sólo diez días de diferencia: el 18 y 8 de diciembre de 1667 respectivamente.

Sor María Carolina Valdés Vélez, OSB, León
 
VOCACION MONASTICA
23/02/2010
Si te sientes interrogada o llamada por Dios a seguirle en el camino de la vida monástica...
ACERCATE dirige tus pasos hacia Dios
ARRIESGATE. "Yo he dado mi vida por ti", te dice Jesús. Y..tú la darás por mí
SIGUELE. "No tengas miedo" te dice Jesús.
"No tengas miedo, nos repetía Juan Pablo II
"Jesús no quita nada lo da todo" (Benedicto XVI)

Di SÍ a:
Estar con Jesús
Adorarlo.
Glorificarlo
Gozar con El
Servirle
Te ofrecemos esta comunidad como lugar de discernimiento para tu respuesta.
 
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